Rosario Central se consagró campeón de la Copa Argentina

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La Copa Argentina tiene a un nuevo campeón. Rosario Central rompe el maleficio de las tres finales perdidas y se consagra ante Gimnasia y Esgrima. No lució, fue efectivo en los penales y le dio rienda suelta a la fiesta en la noche de Mendoza. Un partido marcado por los foules y la protestas. Ninguno de los protagonistas está ajeno a la tensión que provoca la final, el partido que corona el ciclo. Empujan, traban, lanzan centros que controlan los zagueros y los arqueros

La pelota viaja rápido, pero pocas veces encuentra destino. Ortigoza, que piensa en las asociaciones futbolísticas e intenta generar alguna triangulación con sus compañeros, envía un centro al corazón del área; Camacho, que trazó una diagonal de derecha al centro, peina la pelota y Zampedri ensaya una media vuelta. La pelota se estrella en el poste y en el rebote Guiffrey la devuelve al área chica. En el revuelo, Zampedri, un Toro, atropella y convierte. Ocho minutos más tarde, al artillero -junto a Herrera anotaron cuatro goles cada uno- Martín Arias le ahoga el segundo festejo.

Tocado en el físico, Gil hace el esfuerzo. Se resiente de la lesión, detiene el cambio en el primer tiempo. Vuelven del descanso. Obstinado, quien en varios capítulos resultó fundamental por ser el dueño de la pelota parada, se equivoca y provoca el empate de Gimnasia, que elabora la acción con Silva y Comba y la define Faravelli, ex Newell’s. Con Rinaudo como patrón, el Lobo crece; Comba y Faravelli desequilibran y Silva despliega todas sus mañas para confundir. Ledesma se exige e impide el festejo del uruguayo. Rosario Central aguanta. Los penales definieron el nuevo campeón.

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